miércoles, 13 de abril de 2011

LA SANTIDAD ES LA MEDIDA DE LA VIDA CRISTIANA


CIUDAD DEL VATICANO, 13 ABR 2011 (VIS).-Durante la audiencia general de los miércoles, Benedicto XVI concluyó el ciclo de catequesis que ha dedicado durante dos años a las figuras de tantos santos y santas "que por su fe, su caridad, y sus vidas fueron y siguen siendo faros para muchas generaciones", y ofreció algunas reflexiones sobre la santidad.


"A menudo seguimos pensando -dijo el Papa- que la santidad sea una meta reservada a pocos elegidos". Sin embargo, "la santidad, la plenitud de la vida cristiana, no consiste en llevar a cabo hazañas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, (...) en hacer nuestras sus actitudes, (...) su comportamiento. (...) El Concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia, habla con claridad sobre la llamada universal a la santidad, afirmando que ninguno está excluido".


Pero una vida santa, prosiguió el pontífice, "no es principalmente el resultado de nuestro esfuerzo, porque Dios es (...) quien nos hace santos, es la acción de su Espíritu que nos anima desde dentro, es la misma vida de Cristo resucitado que se nos comunica y nos transforma. (...) La santidad, por tanto, tiene su última raíz en la gracia bautismal, en ser injertados en el misterio pascual de Cristo, con el que nos comunica su Espíritu, su vida de Resucitado. (...) Ahora bien, Dios siempre respeta nuestra libertad y nos pide que aceptamos este don y vivamos las exigencias que comporta, pide que nos dejemos transformar por la acción del Espíritu Santo, conformando nuestra voluntad a la voluntad de Dios".


"¿Cómo puede suceder que nuestra forma de pensar y nuestras acciones se conviertan en el pensamiento y la acción de Cristo?", se preguntó el Santo Padre. "Una vez más -dijo- el Concilio Vaticano II nos da una indicación clara; nos dice que la santidad cristiana no es más que la caridad plenamente vivida". Pero para que la caridad "como una buena semilla, crezca en el alma y dé frutos, los fieles deben escuchar de buen grado la palabra de Dios y, con la ayuda de su gracia, cumplir con obras su voluntad, participando con frecuencia en los sacramentos, especialmente la Eucaristía (...) aplicarse a la oración, a la entrega de sí en el servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes. (...) Por lo tanto, el verdadero discípulo de Cristo se caracteriza por la caridad, sea hacia Dios que hacia el prójimo".


"La Iglesia, durante el año litúrgico, nos invita a recordar una serie de santos, es decir, a aquellos que vivieron plenamente la caridad, supieron amar y seguir a Cristo en su vida cotidiana. Todos ellos nos dicen que es posible para todos recorrer este camino. (...) Todos estamos llamados a la santidad: es la medida de la vida cristiana".

Benedicto XVI concluyó invitando a todos a "abrirse a la acción del Espíritu Santo que transforma nuestras vidas, para ser también nosotros teselas del gran mosaico de santidad que Dios sigue creando en la historia".

AG/


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