martes, 7 de agosto de 2012

Los Ejercicios... La intención de Ignacio


Por Nathan Stone

¿Para quiénes eran los Ejercicios, originalmente?  Sabemos que Ignacio los hizo después de ser herido, a los veintiséis.  Sabemos que los daba a los estudiantes pobres, como Pedro Fabro; y a los ricos de edad madura, como Francisco de Borja.  Además, sabemos que postergó la experiencia de Francisco Javier, porque encontraba que no estaba en condiciones.  Entonces, hay un momento preciso en la vida, y una predisposición emocional o espiritual, pero no hay una edad precisa, o clase social predeterminada.[1] 

Ignacio no era selectivo en la misma manera que hoy lo somos.  ¿Son más limitados nuestros recursos?  O bien, ¿será que hemos caído, poco a poco, en el elitismo?  El principio del bien mayor parece llamarnos a dar los Ejercicios a los que tienen gran influencia en los asuntos mundanos.  Es decir, a la gente mayor, con amigos bien ubicados, o dinero para donar a causas nobles.  ¿Qué pasa con los que sólo tienen sus vidas para ofrecer?

En la primera Anotación, encontramos el propósito del proceso: quitar los afectos desordenados, y después, buscar la voluntad divina en la disposición de la vida, [1].[2]  Los apegos personales, valores culturales y presuposiciones ideológicas se examinan.  Algunos se hallan contrarios al modo de proceder de Jesús.  Otros, sin ser malos, condicionan las opciones, o crean obstáculos.  El joven define su identidad abrazando algunas de sus motivaciones y superando otras.  Luego, escoge el sendero a seguir.  Sin compromisos previos, puede entregar su vida a Dios.  La persona mayor, destinatario actual para los Ejercicios, rara vez se encuentra con tanta libertad, porque está en otra etapa. 

El ejercitante es exhortado, por honor, en cuanto sea posible, a ofrecerse en tal vida o estado [98].  Ignacio supone una opción radical, sacrificada, de servicio mayor, en pobreza, pero nunca nos dice a cuál vida o estado se refiere.  El director no debe inclinar la balanza, y al mismo tiempo, debe animarle a moverse hacia el compromiso mayor [14-15].  El ejercitante debe imaginarse entregando su vida en las maneras varias que ha descubierto al discurrir en su oración [53].  Debe decidirse, a base de consolaciones y desolaciones asociadas con cada opción, [175-178].  Por vida o estado, se entiende, un oficio o profesión; soltero o casado; religioso, clérigo o laico.  Esta pieza clave del proceso claramente apunta al joven a punto de tomar opciones en esas materias.

En el Preámbulo para considerar estados, al principio de la Segunda Semana, Ignacio llama al ejercitante a pesar sus opciones, mirando su entorno, y pidiendo orientación del Señor.  Al mismo tiempo, debe contemplar la vida de Jesús, como hombre joven, que en ese momento, busca la mejor manera de servir a su Padre Eternal[135].  Por supuesto, es la oración de un joven. 

En el Preámbulo para hacer elección [169], Ignacio advierte que, frecuentemente, los fines se confunden con los medios.  El ejercitante debe elegir una vida o estado para servir y alabar a Dios, en cuanto le sea posible, en vez de solamente servir y alabar a Dios en una vida ya elegida. [3]  Muchas veces, la segunda opción es lo que le queda a una persona mayor, porque sus opciones están resueltas.  El momento óptimo para esta búsqueda es antes de elegir.  Con la excepción del joven religioso que está considerando sus votos, la mayoría de los ejercitantes hoy llegan después de haber tomado sus decisiones vitales, desafortunadamente.

Ignacio advierte que el ejercitante solo puede cambiar lo mutable. Los compromisos inmutables, como el matrimonio, la paternidad o el sacerdocio, no deben ser reconsiderados, [171].  Sin embargo, toda vida puede ser reformada, [189].  Podemos suponer que los Ejercicios hechos en la madurez son auténticos, pues, no hay límites sobre el amor de Dios.  Recibe en casa a cada pecador, como sea, en la cárcel, o en su lecho de muerte.  Toda vida puede ser salvada, no importa el naufragio que ha habido.  Todos pueden, además, por buenas que sean, aspirar a un grado de santidad mayor.

Sin embargo, ¿qué pasaría si diéramos los Ejercicios a los jóvenes antes de que tomen sus opciones vocacionales?  ¿Qué sucedería si Dios pudiera entrar en sus corazones antes de resolver sus compromisos íntimos?  ¿No estarían mejor habilitados para amar a su Señor, y afiliarse a su Rey?  ¿No serían más libres para comprometerse en el servicio de los demás?  Los jóvenes se ponen en marcha, sin mirar atrás, porque pueden.



[1] Cf. John O’Malley sj, The First Jesuits, (1993), pp. 37-50, esp. p. 38, 40.
[2] Los números en corchetes se refieren a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, de acuerdo a la enumeración tradicional de los párrafos. 
[3] Cf. [154].  El Segundo binario es tentación para el joven, pero es la realidad del hombre mayor.

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