miércoles, 18 de enero de 2012
La crisis se vence si el destino de cada uno se liga al de todos
sábado, 17 de diciembre de 2011
Navidad III (Mensaje a los jóvenes)
jueves, 8 de diciembre de 2011
Navidad I
martes, 29 de noviembre de 2011
Mensaje de Adviento
martes, 22 de noviembre de 2011
Mensaje Cristo Rey
viernes, 18 de noviembre de 2011
LA FE EN LA VIDA ETERNA DA LA FUERZA PARA MEJORAR EL MUNDO
CIUDAD DEL VATICANO, 2 NOV 2011 (VIS).-El Santo Padre celebró este miércoles la audiencia general en el aula Pablo VI, donde recibió a peregrinos venidos de numerosos países. El discurso del pontífice se centró en la fiesta de conmemoración de todos los fieles difuntos y en la realidad de la muerte.
Benedicto XVI señaló que "a pesar de que la muerte es a menudo un tema casi prohibido en nuestra sociedad, y de que continuamente se intenta eliminar de nuestra mente el solo pensamiento de la muerte, ésta concierne a cada uno de nosotros (...) Ante este misterio todos, incluso inconscientemente, buscamos algo que nos invite a esperar, una señal que nos dé consuelo, que se abra a algún horizonte que ofrezca aún un futuro".
Experimentamos temor ante la muerte porque "tenemos miedo a la nada, a este partir hacia algo que no conocemos". Asimismo, "no podemos aceptar que todo lo grande y hermoso que ha sido realizado durante una entera existencia sea borrado improvisamente, caiga en el abismo de la nada. Sobre todo, sentimos que el amor necesita eternidad, y no es posible aceptar que sea destruido por la muerte en un solo instante. (...) Cuando nos encontramos hacia el final de la existencia percibimos que hay un juicio sobre nuestras acciones, sobre cómo hemos conducido nuestra vida, especialmente en lo que se refiere a esos puntos de sombra que, con habilidad, sabemos a menudo eliminar o intentamos eliminar de nuestra conciencia".
Por otra parte, actualmente, en el mundo "se ha difundido la tendencia a pensar que cada realidad debe ser afrontada con los criterios de la ciencia experimental, y que a la gran cuestión de la muerte se debe responder no tanto con la fe, sino partiendo de conocimientos experimentales, empíricos. Pero no se advierte con claridad que, precisamente de este modo, se termina por caer en formas de espiritismo, en el intento de establecer un contacto con el mundo más allá de la muerte".
En cambio, para los cristianos las solemnidades de Todos los Santos y Todos los Fieles Difuntos "nos dicen que solamente quien puede reconocer una gran esperanza en la muerte, puede también vivir una vida a partir de la esperanza. (...) El hombre tiene necesidad de eternidad, y cualquier otra esperanza es para él demasiado breve. El hombre se explica sólo si hay un Amor que supere todo aislamiento, incluso el de la muerte, en una totalidad que trascienda el espacio y el tiempo. El hombre se explica, encuentra su sentido más profundo, solamente si hay Dios. Y nosotros sabemos que Dios ha salido de su lejanía y se ha hecho cercano".
En efecto, "Dios se ha mostrado verdaderamente, se ha hecho accesible, ha amado tanto al mundo 'que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna', y en el supremo acto de amor de la cruz, sumergiéndose en el abismo de la muerte, la ha vencido, ha resucitado y nos ha abierto las puertas de la eternidad. Cristo nos sostiene a través de la noche de la muerte que Él mismo ha atravesado; es el Buen Pastor a cuya guía podemos confiarnos sin ningún miedo porque conoce bien el camino, incluso a través de la oscuridad".
"Es precisamente la fe en la vida eterna -concluyó el Papa- la que da al cristiano la fuerza y el valor para amar aún más intensamente esta tierra nuestra y para trabajar con el fin de construirle un futuro, para darle una esperanza verdadera y segura".
miércoles, 9 de noviembre de 2011
EL PAPA EN ASIS: LA RELIGION NO PUEDE JUSTIFICAR LA VIOLENCIA
El Pontífice y las diversas delegaciones partieron a las 8.00 en un tren Frecciargento desde la estación vaticana, y llegaron a Asís a las 9.45. Ante la basílica de Santa María de los Angeles, fueron recibidos por las autoridades religiosas y civiles, además de numerosos fieles que pudieron seguir la celebración en pantallas gigantes colocadas en el exterior de la basílica.
Tras el saludo del Cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, presidente del Pontificio Consejo "Justicia y Paz", se proyectó un vídeo conmemorativo del encuentro de 1986. A continuación, intervinieron los representantes de otras religiones: Su Santidad Bartolomé I, Arzobispo de Constantinopla y Patriarca Ecuménico; el Arzobispo de Canterbury y Primado de la Comunión Anglicana, Rowan Douglas Williams; el Arzobispo Primado de la diócesis de Francia de la Iglesia Apostólica Armena, Norvan Zakarian; el secretario general del Consejo Ecuménico de las Iglesias, Olav Fykse Tveit; el representante del Gran Rabinado de Israel, Rabbi David Rosen; el portavoz de la religión Yoruba, Wande Abimbola; el representante de la religión hindú, Acharya Shri Shrivatsa Goswami; el presidente del "Jogye Order" del budismo coreano, Ja-Seung; y el Secretario general de la Conferencia Internacional de las Escuelas Islámicas, Kyai Haji Hasyim Muzadi. Por último, en representación de los no creyentes intervino la lingüista Julia Kristeva.
A continuación, el Santo Padre pronunció un discurso del que ofrecemos algunos extractos:
"Han pasado veinticinco años desde que el beato Papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿A qué punto está hoy la causa de la paz?"
"En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín (...) En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. (...) Junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. (...) Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz".
"Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. (...) La violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo". (...)
miércoles, 12 de octubre de 2011
LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD ES UNA HISTORIA DE SALVACION
martes, 27 de septiembre de 2011
MATRIMONIO Y SACERDOCIO: TESTIMONIAR EL AMOR DE CRISTO
CIUDAD DEL VATICANO, 11 SEP 2011 (VIS).- A las cinco de la tarde, el Santo Padre se encontró en la catedral de San Ciríaco con un grupo de sacerdotes y familias de la diócesis de Ancona, e invitó a unos y otros a reflexionar sobre la necesidad de reconducir los sacramentos del Orden y el Matrimonio a la única fuente de
Esta perspectiva "permite superar la visión reductiva que considera a la familia, como mera destinataria de la acción pastoral" cuando, en cambio, "es el lugar privilegiado de la educación humana y cristiana" y, por tanto, "el mejor aliado del ministerio sacerdotal". Por otra parte, "la proximidad del sacerdote a la familia la ayuda a tomar conciencia de su realidad profunda y de su misión".
"Ninguna vocación es una cuestión privada -subrayó- y mucho menos la del matrimonio, porque su horizonte es
"Queridos sacerdotes, por el don de la ordenación estáis llamados a servir como pastores a la comunidad eclesial, que es "familia de familias" (...) Cultivad una profunda familiaridad con
"Vuestro matrimonio -afirmó hablando a los esposos- se basa en la fe de que Dios es amor y de que seguir a Cristo es permanecer en el amor (...) Edificad vuestras familias en la unidad, un don que viene de lo alto y que alimenta vuestro compromiso en
"Que vuestro actuar cotidiano -instó a todos- tenga en la comunión sacramental su origen y su centro (...) La educación en la fe de las nuevas generaciones también pasa a través de vuestra coherencia. Sed testigos ante ellas de la belleza exigente de la vida cristiana" y "para los que están confiados a vuestra responsabilidad sed un signo de la benevolencia y la ternura de Jesús: en El se hace visible que el Dios que ama la vida no es ajeno o distante de los asuntos humanos, sino que es el Amigo que nunca abandona".
lunes, 26 de septiembre de 2011
Primado de Dios y Eucaristía
ES NECESARIO RECUPERAR EL PRIMADO DE DIOS EN EL MUNDO
CIUDAD DEL VATICANO, 11 SEP 2011 (VIS).-Esta mañana, el Papa Benedicto XVI se desplazó hasta la ciudad de Ancona (Italia) desde Castel Gandolfo, para presidir la Santa Misa de clausura del XXV Congreso Eucarístico Nacional italiano, que en esta edición ha tenido como lema "Eucaristía para la vida cotidiana". La concelebración tuvo lugar a las 10.00, en el Astillero de Ancona.
Durante la homilía, el Santo Padre se refirió al pasaje evangélico del discurso de Jesús sobre el pan de la vida, y explicó que la reacción de los discípulos, muchos de los cuales abandonaron entonces al Señor, no es muy diferente de nuestra resistencia "ante el don total que El hace de sí mismo. Porque acoger verdaderamente este don quiere decir perderse uno mismo, dejarse implicar y transformar hasta vivir en El".
La dificultad de la aceptación reside en que "a menudo confundimos la libertad con la ausencia de vínculos, con la convicción de que podemos actuar solos, sin Dios, que es visto como un límite a la libertad. Es ésta una ilusión que no tarda en convertirse en desilusión, generando inquietud y miedo".
Algunas ideologías dejan de lado a Dios, o simplemente lo toleran como una elección privada que no debe interferir con la vida pública, y han querido organizar la sociedad basándose en la economía y la fuerza del poder. Pero, dijo el Papa, "la historia nos demuestra dramáticamente" el fracaso del tentativo de asegurar el bienestar material y la paz prescindiendo de Dios y de su revelación.
Por ello, hoy día es necesario, ante todo, "recuperar el primado de Dios en nuestro mundo y nuestra vida, ya que es este primado el que nos permite encontrar la verdad de lo que somos, y es en el conocer y seguir la voluntad de Dios donde encontramos nuestro verdadero bien".
Eucaristía, fuente de desarrollo social positivo
El punto de partida para recuperar el primado de Dios es, precisamente,
Así, "una espiritualidad eucarística es, entonces, verdadero antídoto contra el individualismo y el egoísmo que a menudo caracterizan la vida cotidiana". Es también "el alma de una comunidad eclesial que supera divisiones (...) y valoriza la diversidad de los carismas y ministerios, poniéndolos al servicio de la unidad de
Una espiritualidad eucarística es, asimismo, el camino para devolver la dignidad al hombre "y, por tanto, a su trabajo, buscando conciliarlo con el tiempo para la fiesta y para la familia, y con el esfuerzo por superar la incertidumbre de la precariedad y el problema del desempleo". Nos ayudará también a acercarnos a las diversas formas de la fragilidad humana, "conscientes de que no ofuscan el valor de la persona, sino que requieren proximidad, acogida y ayuda".
Por todo ello, el Santo Padre concluyó afirmando que "no hay nada de auténticamente humano que no encuentre en
lunes, 4 de julio de 2011
BENEDICTO XVI, 60 AÑOS DE MEMORIA, GRATITUD Y ESPERANZA
CIUDAD DEL VATICANO, 3 JUL 2011 (VIS).-A mediodía Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.
"Hoy en el Evangelio, -observó el Papa- el Señor Jesús nos repite las palabras que tan bien conocemos, pero que nos conmueven siempre: "Venid a mi, todos los fatigados y agobiados yo os aliviaré". Cuando Jesús recorría los caminos de Galilea, anunciando el Reino de Dios y curando a muchos enfermos, sentía compasión por la muchedumbre, porque estaba cansada y agotada, como oveja sin pastor".
"Esa mirada de Jesús se prolonga hasta nuestra época, abarca el mundo en que vivimos. También hoy se posa sobre tanta gente oprimida por condiciones de vida difíciles, pero también sobre la que está privada de puntos de referencia válidos para hallar un sentido y una meta a la existencia. En los países más pobres hay muchedumbres agotadas, probadas por la indigencia. Y también en los países más ricos son tantos los hombres y mujeres insatisfechos, incluso enfermos de depresión. Pensemos también en los prófugos y en los refugiados, en los que emigran poniendo en peligro su vida. La mirada de Cristo se posa sobre toda esta gente, sobre cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos y repite: "Venid a mi, todos vosotros".
Jesús, continuó el pontífice, "promete que dará consuelo a todos, pero pone una condición: "Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. ¿Qué es este yugo que en vez de pesar aligera y en vez de aplastar, eleva?. El "yugo" de Cristo es la ley del amor, es el mandamiento que dejó a los discípulos.
"El remedio verdadero para las heridas de la humanidad, sean las materiales, como el hambre y la injusticia, que las psicológicas y morales causadas por un falso bienestar, es una regla de vida basada en el amor fraterno, cuyo manantial es el amor de Dios. Por eso hay que abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para alcanzar posiciones de poder siempre más grande, para garantizarse el éxito a cualquier precio."
"También hacia el ambiente -subrayó- es necesario renunciar al estilo agresivo que ha dominado en los últimos siglos y adoptar una "mansedumbre" razonable. Pero sobre todo en las relaciones humanas, personales, sociales, la regla del respeto y no de la violencia, es decir la fuerza de la verdad contra todo atropello, es la que puede garantizar un futuro digno del ser humano".
martes, 28 de junio de 2011
EUCARISTIA, CORAZÓN LATIENTE DEL CUERPO MISTICO DE LA IGLESIA
CIUDAD DEL VATICANO, 26 JUN 2011 (VIS).-En el Ángelus dominical Benedicto XVI habló de la solemnidad del Corpus Cristi, la "fiesta de la Eucaristía", que se celebra hoy en tantos países y constituye "el tesoro más precioso de la Iglesia".
"La Eucaristía -dijo el Papa a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro- es como el corazón latiente que da vida a todo el cuerpo místico de la Iglesia: un organismo social que se basa enteramente en el ligamen espiritual pero concreto con Cristo. (...) Sin la Eucaristía la Iglesia no existiría. La Eucaristía, de hecho, es la que hace de una comunidad humana un misterio de comunión capaz de llevar a Dios al mundo y el mundo a Dios. El Espíritu Santo que transforma el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, también transforma a los que lo reciben con fe en miembros del cuerpo de Cristo, de modo que la Iglesia es realmente sacramento de unidad de los seres humanos con Dios y entre ellos".
"En una cultura cada vez más individualista, como es la de la sociedad occidental que tiende a difundirse en todo el mundo, la Eucaristía constituye una especie de "antídoto" que actúa en la mente y el corazón de los creyentes, sembrando sin cesar la lógica de la comunión, del servicio, en resumen, la lógica del Evangelio", explicó el pontífice. "Los primeros cristianos en Jerusalén eran signo evidente de este nuevo estilo de vida porque vivían en fraternidad y ponían en común sus bienes, para que ninguno fuera indigente. (...) Y en las generaciones siguientes, a través de los siglos, la Iglesia, a pesar de los límites y errores humanos, ha seguido siendo en el mundo una fuerza de comunión (...) También el vacío producido por la falsa libertad puede ser igualmente peligroso y, entonces, la comunión con el cuerpo de Cristo es fármaco de la inteligencia y de la voluntad para reencontrar el gusto de la verdad y el bien común".
lunes, 13 de junio de 2011
Pentecostes... desde el Vaticano
sábado, 14 de mayo de 2011
LA ORACION RESPONDE AL DESEO QUE EL SER HUMANO TIENE DE DIOS
CIUDAD DEL VATICANO, 11 MAY 2011 (VIS).-En la audiencia general de este miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa continuó reflexionando sobre "cómo la oración y el sentido religioso forman parte del ser humano durante toda su historia".
El Santo Padre dijo que en nuestra época "Dios parece haber desaparecido del horizonte de muchos, (...) pero al mismo tiempo, existen muchos signos que nos indican un despertar del sentido religioso".
"Pensando en la historia reciente, ha fracasado la previsión de quien, desde la época del Iluminismo, preanunció la desaparición de las religiones y exaltó una razón absoluta, separada de la fe".
Tras poner de relieve que "no ha habido ninguna gran civilización, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, que no haya sido religiosa", Benedicto XVI subrayó que "el ser humano es religioso por naturaleza. (...) La imagen del Creador está impresa en su ser y siente la necesidad de encontrar una luz para dar una respuesta a los interrogantes sobre el sentido profundo de la realidad; una respuesta que no puede encontrar en sí mismo, en el progreso, en la ciencia empírica".
"El hombre sabe que no puede responder por sí solo a la necesidad fundamental de entender. Por mucho que piense que es autosuficiente, experimenta que no es así. Tiene necesidad de abrirse a otra cosa o a alguien que pueda darle lo que le falta, debe salir de sí mismo e ir hacia Aquel que es capaz de colmar la amplitud y la profundidad de su deseo".
El Papa explicó que "el hombre lleva en sí una sed de infinito, un anhelo de eternidad, una búsqueda de la belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; lleva en sí el deseo de Dios. Sabe, de alguna manera, que puede dirigirse a Dios, que puede implorarle. Santo Tomás de Aquino, uno de los más grandes teólogos de la historia, define la oración como "expresión del deseo que el hombre tiene de Dios".
Refiriéndose a la oración, el Santo Padre señaló que "es una actitud interior, antes que una serie de prácticas y fórmulas, una forma de ser ante Dios, antes que la realización de actos de culto o la pronunciación de palabras. La oración tiene su centro y hunde sus raíces en lo más profundo de la persona; por eso, no es fácilmente descifrable, y, por la misma razón, puede ser objeto de malentendidos y manipulaciones. (...) La experiencia de la oración es un desafío para todos, una "gracia" que hay que invocar, un don de Aquel a quien nos dirigimos".
"En la oración, (...) el ser humano experimenta que es una criatura necesitada de ayuda, incapaz de autorrealizarse y de la propia esperanza. (...) Orienta su propia alma a aquel Misterio del que espera el cumplimiento de los deseos más profundos y la ayuda para superar la indigencia de la propia vida. En ese mirar a Otro, en ese dirigirse "más allá", se halla la esencia de la oración, como experiencia de una realidad que supera lo sensible y lo contingente".
Benedicto XVI afirmó que "aunque el ser humano se olvide de su Creador, el Dios vivo y verdadero no cesa de llamar al hombre al misterioso encuentro de la oración".
"Aprendamos a pasar más tiempo ante Dios, ante Dios que se ha revelado en Jesucristo, aprendamos a reconocer en el silencio, dentro de nosotros mismos, su voz que nos llama y nos reconduce a la profundidad de nuestra existencia, a la fuente de la vida y de la salvación, para superar -terminó- el límite de nuestra vida y abrirnos a la medida de Dios, a la relación con Él, que es Amor Infinito".
miércoles, 13 de abril de 2011
LA SANTIDAD ES LA MEDIDA DE LA VIDA CRISTIANA
CIUDAD DEL VATICANO, 13 ABR 2011 (VIS).-Durante la audiencia general de los miércoles, Benedicto XVI concluyó el ciclo de catequesis que ha dedicado durante dos años a las figuras de tantos santos y santas "que por su fe, su caridad, y sus vidas fueron y siguen siendo faros para muchas generaciones", y ofreció algunas reflexiones sobre la santidad.
"A menudo seguimos pensando -dijo el Papa- que la santidad sea una meta reservada a pocos elegidos". Sin embargo, "la santidad, la plenitud de la vida cristiana, no consiste en llevar a cabo hazañas extraordinarias, sino en unirse a Cristo, (...) en hacer nuestras sus actitudes, (...) su comportamiento. (...) El Concilio Vaticano II, en la constitución sobre la Iglesia, habla con claridad sobre la llamada universal a la santidad, afirmando que ninguno está excluido".
Pero una vida santa, prosiguió el pontífice, "no es principalmente el resultado de nuestro esfuerzo, porque Dios es (...) quien nos hace santos, es la acción de su Espíritu que nos anima desde dentro, es la misma vida de Cristo resucitado que se nos comunica y nos transforma. (...) La santidad, por tanto, tiene su última raíz en la gracia bautismal, en ser injertados en el misterio pascual de Cristo, con el que nos comunica su Espíritu, su vida de Resucitado. (...) Ahora bien, Dios siempre respeta nuestra libertad y nos pide que aceptamos este don y vivamos las exigencias que comporta, pide que nos dejemos transformar por la acción del Espíritu Santo, conformando nuestra voluntad a la voluntad de Dios".
"¿Cómo puede suceder que nuestra forma de pensar y nuestras acciones se conviertan en el pensamiento y la acción de Cristo?", se preguntó el Santo Padre. "Una vez más -dijo- el Concilio Vaticano II nos da una indicación clara; nos dice que la santidad cristiana no es más que la caridad plenamente vivida". Pero para que la caridad "como una buena semilla, crezca en el alma y dé frutos, los fieles deben escuchar de buen grado la palabra de Dios y, con la ayuda de su gracia, cumplir con obras su voluntad, participando con frecuencia en los sacramentos, especialmente la Eucaristía (...) aplicarse a la oración, a la entrega de sí en el servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes. (...) Por lo tanto, el verdadero discípulo de Cristo se caracteriza por la caridad, sea hacia Dios que hacia el prójimo".
"La Iglesia, durante el año litúrgico, nos invita a recordar una serie de santos, es decir, a aquellos que vivieron plenamente la caridad, supieron amar y seguir a Cristo en su vida cotidiana. Todos ellos nos dicen que es posible para todos recorrer este camino. (...) Todos estamos llamados a la santidad: es la medida de la vida cristiana".
Benedicto XVI concluyó invitando a todos a "abrirse a la acción del Espíritu Santo que transforma nuestras vidas, para ser también nosotros teselas del gran mosaico de santidad que Dios sigue creando en la historia".
AG/
Recomendado por Guillermo Baranda
domingo, 13 de marzo de 2011
CUARESMA: REDESCUBRIR EL COMPROMISO BAUTISMAL
CIUDAD DEL VATICANO, 9 MAR 2011 (VIS).-"Hoy, con el austero símbolo de la ceniza, entramos en el tiempo de Cuaresma, comenzando un viaje espiritual que nos prepara para celebrar dignamente los misterios pascuales. La ceniza (...) es un signo que nos recuerda nuestra condición de criaturas, nos invita a la penitencia y a intensificar nuestros esfuerzos para convertirnos y seguir cada vez más al Señor", dijo el Papa en la audiencia general de los miércoles a los 7.000 fieles congregados en el Aula Pablo VI.
"La Cuaresma es un camino, es acompañar a Jesús que sube a Jerusalén, lugar de la realización del misterio de su pasión, muerte y resurrección; nos recuerda que la vida cristiana es un "camino" por recorrer, que consiste no tanto en una ley que cumplir sino en la persona de Cristo, a quien hay que encontrar, conocer y seguir".
"Sobre todo la liturgia, la participación en los sagrados misterios, nos llevan a emprender este camino con el Señor, (...) reviviendo los acontecimientos que nos trajeron la salvación, pero no como una simple conmemoración, como un recuerdo de cosas pasadas -subrayó el Santo Padre, recordando que "hay una palabra clave que se repite con frecuencia en la liturgia para indicar esto: la palabra "hoy", que debe entenderse en el sentido original y concreto, no metafórico. Hoy Dios nos revela su ley y nos da a elegir entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte".
En los domingos de Cuaresma vivimos un "itinerario bautismal" para "hacer que nuestras vidas recuperen las exigencias y los compromisos adquiridos con este sacramento, que es la base de nuestra vida cristiana".
El primer domingo, "llamado Domingo de la tentación porque presenta las tentaciones de Jesús en el desierto, nos invita a renovar nuestra decisión definitiva de Dios y afrontar con valentía la lucha que nos espera para permanecer fieles". El segundo domingo es el de Abraham y la Transfiguración y "como Abraham, padre de los creyentes, nosotros también estamos invitados a salir de nuestra tierra, a dejar la seguridad que hemos construido, para poner nuestra confianza en Dios. La meta ya se entrevé en la transfiguración de Cristo, el Hijo amado, en el que también nosotros nos convertimos en " hijos de Dios".
En el tercer domingo encontramos a la Samaritana. "Como Israel en el Éxodo -dijo Benedicto XVI- también nosotros recibimos en el bautismo el agua que salva. Jesús dice a la Samaritana que tiene un agua de vida, que apaga cualquier sed: un agua que es su mismo espíritu. (...) El cuarto domingo nos hace reflexionar sobre la experiencia del ciego de nacimiento. En el Bautismo somos liberados de las tinieblas del mal y recibimos la luz de Cristo para vivir como hijos de la luz. (...) Por último, el quinto domingo presenta la resurrección de Lázaro. En el Bautismo hemos pasado de la muerte a la vida y nos volvemos capaces de agradar a Dios, de hacer que muera el hombre viejo para vivir del Espíritu del Resucitado".
El itinerario de la Cuaresma se caracteriza, en la tradición de la Iglesia, por algunas prácticas: el ayuno, la limosna y la oración. El ayuno "significa la abstinencia de alimentos, pero incluye otras formas de privación para una vida más sobria" y "está también estrechamente vinculado a la limosna", que "bajo el nombre único de "misericordia" abarca muchas buenas obras". Asimismo en este tiempo la Iglesia "nos invita a una oración más fiel e intensa y a una meditación prolongada de la Palabra de Dios".
"En este camino cuaresmal -concluyó el Papa- os invito a acoger la invitación de Cristo a seguirlo de un modo más decidido y coherente, renovando la gracia y los compromisos bautismales, para que revistiéndonos de Cristo, podamos llegar renovados a la Pascua y decir con san Pablo: "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí"".
miércoles, 26 de enero de 2011
TODOS LOS BAUTIZADOS DEBEN COMUNICAR EL DON DEL EVANGELIO
CIUDAD DEL VATICANO, 25 ENE 2011 (VIS).-Se ha hecho público el texto del Mensaje del Santo Padre para la LXXXV Jornada Misionera Mundial, que este año se celebra el domingo 23 de octubre, sobre el tema: "Como el Padre me envió, así os envío yo" (Jn 20,21).
El Papa escribe que la llamada a llevar a todos el anuncio del Evangelio "con el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos", como subrayó el Venerable Juan Pablo II con ocasión del Jubileo del 2000, "resuena cada año en la celebración de la Jornada Misionera Mundial".
"Todos los pueblos -continúa Benedicto XVI- son destinatarios del anuncio del Evangelio". La Iglesia "existe para evangelizar; (...) su acción, en adhesión a la palabra de Cristo y bajo el influjo de su gracia y de su caridad, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y a todos los pueblos para llevarlos a la fe en Cristo".
El Papa pone de relieve que "esta tarea no ha perdido su urgencia. (...) No podemos permanecer tranquilos pensando que tras dos mil años sigue habiendo pueblos que no conocen a Cristo y que todavía no han escuchado su mensaje de salvación".
"No solo; sino que cada vez hay más gente -escribe-, que aun habiendo recibido el anuncio del Evangelio lo ha olvidado y abandonado, y no se siente parte de la Iglesia: y muchos ambientes, también en sociedades tradicionalmente cristianas, se resisten a abrirse a la palabra de la fe. Se está produciendo un cambio cultural, alimentado por la globalización, por movimientos de pensamiento y por el relativismo imperante, un cambio que lleva a una mentalidad y a un estilo de vida que prescinden del mensaje evangélico, como si Dios no existiera, y que exaltan la búsqueda del bienestar, de la ganancia fácil, de la carrera y del éxito como objetivo de la vida, también en detrimento de los valores morales".
El Santo Padre recuerda que "la misión universal afecta a todos, a todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido, sino un don que hay que compartir, una hermosa noticia que hay que comunicar. Este don-compromiso está confiado no solo a algunos, sino a todos los bautizados".
"La evangelización es un proceso complejo y abarca varios elementos. La acción misionera ha prestado siempre una atención especial a la solidaridad. (...) Se trata de sostener las instituciones necesarias para establecer y consolidar la Iglesia (...) y también de dar la propia aportación a la mejora de las condiciones de vida de las personas en los países donde más graves son la pobreza, la malnutrición, sobre todo infantil, las enfermedades, la escasez de servicios sanitarios y la instrucción. Esto también forma parte de la misión de la Iglesia. Anunciando el Evangelio se ocupa de la vida humana en todo su sentido".
"No es aceptable, reafirmaba el Siervo de Dios Pablo VI, que en la evangelización se dejen de lado los temas que conciernen a la promoción humana, a la justicia, a la liberación de toda forma de opresión, obviamente en el respeto de la esfera política. Desinteresarse de los problemas temporales de la humanidad significaría "olvidar la lección que nos da el Evangelio sobre el amor al prójimo que sufre y está necesitado"; no estaría en sintonía con el comportamiento de Jesús que "recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias".
"Así -termina el Papa-, a través de la participación responsable en la misión de la Iglesia, el cristiano se convierte en constructor de la comunión de la paz, de la solidaridad que Cristo nos ha dado y colabora en la realización del plan salvífico de Dios para toda la humanidad. (...) ¡Que la Jornada Misionera reavive en cada uno de nosotros el deseo y la alegría de salir al encuentro de la humanidad, llevando Cristo a todos!".
Recomendado por Guillermo Baranda sj
lunes, 24 de enero de 2011
LA SOCIEDAD Y LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS REENCUENTREN SUS RAÍCES ESPIRITUALES Y MORALES
CIUDAD DEL VATICANO, 21 ENE 2011 (VIS).-Benedicto XVI recibió este mediodía a los dirigentes y agentes de la jefatura de Policía de Roma.
Al inicio de su discurso, el Papa se refirió a la época actual, caracterizada por "profundos cambios", que "crean a veces una sensación de inseguridad, debido principalmente a la precariedad social y económica, agravada también por un cierto debilitamiento de la percepción de los principios éticos en los que se funda el derecho y de las actitudes morales personales, que siempre fortalecen esos ordenamientos".
"En nuestro mundo, con todas sus nuevas esperanzas y posibilidades -dijo-, se tiene al mismo tiempo la impresión de que el consenso moral decae, y en consecuencia, las estructuras en la base de la convivencia no logran funcionar plenamente. Se asoma en muchos la tentación de pensar que las fuerzas movilizadas para la defensa de la sociedad civil están destinadas al fracaso. Ante esta tentación, nosotros, en particular, que somos cristianos, tenemos la responsabilidad de encontrar el modo de profesar la fe y de hacer el bien".
Tras poner de relieve que "en nuestro tiempo se da una gran importancia a la dimensión subjetiva de la existencia", el Santo Padre señaló que hay un "grave riesgo, porque en el pensamiento moderno se ha desarrollado una visión reduccionista de la conciencia, según la cual no hay ninguna referencia objetiva al determinar lo que es válido y lo que es verdadero, sino que el individuo, con sus intuiciones y experiencias, es el criterio; cada uno, por lo tanto, posee la propia verdad, la propia moral. La consecuencia más obvia es que la religión y la moral tienden a ser confinadas al ámbito del sujeto, de lo privado: la fe, con sus valores y sus comportamientos, ya no tiene derecho a un lugar en la vida pública y civil. Por lo tanto, si por un lado, se da una gran importancia en la sociedad al pluralismo y a la tolerancia, por otro, la religión tiende a ser gradualmente marginada y considerada irrelevante y, en cierto sentido, ajena al mundo civil, como si se tuviese que limitar su influencia en la vida humana".
"Por el contrario -añadió-, para nosotros los cristianos, el verdadero significado de la "conciencia" es la capacidad humana para reconocer la verdad, y, antes que nada, la oportunidad de escuchar su llamada, de buscarla y de encontrarla".
El Papa subrayó que "los nuevos retos de hoy exigen que Dios y el ser humano vuelvan a encontrarse, que la sociedad y las instituciones públicas reencuentren su "alma", sus raíces espirituales y morales, para dar una nueva consistencia a los valores éticos y jurídicos de referencia y por tanto a la acción práctica. (...) El mismo servicio religioso y de asistencia espiritual que, según la legislación actual, el Estado y la Iglesia se comprometen a proporcionar también al personal de la Policía de Estado, testimonia la fecundidad perenne de este encuentro".
"La vocación única de la ciudad de Roma requiere hoy -terminó- que los funcionarios públicos ofrezcan un buen ejemplo de interacción positiva y fructífera entre la sana laicidad y la fe cristiana. (...) Sabed considerar siempre al hombre como un fin, para que todos puedan vivir de modo auténticamente humano. Como obispo de esta ciudad, me gustaría invitaros a leer y meditar la Palabra de Dios, para encontrar en ella la fuente y el criterio de inspiración para vuestra acción".
Recomendado por Guillermo Baranda sj
