Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia Chilena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia Chilena. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de noviembre de 2011

Carta de los Obispos

Les dejamos el documento,"Una Iglesia y un País que aprenden de su caminar", escrita por los Obispos de la Conferencia Episcopal. En ella se tocan el movimiento estudiantil, los jóvenes debido al tiempo de Misión que el 2012 estará dedicado a ellos y sobre la conformación de unidades de prevención y acompañamiento a víctimas de abusos.

Para acceder a la Carta, les dejamos el siguiente link: Descargar PDF

jueves, 7 de julio de 2011

Homilía Te Deum (Bicentenario del Congreso Nacional)

En el siguiente link pueden acceder a la Homilía que dió el Monseñor Cristián Contreras, Obispo Auxiliar de Santiago, por motivo de los 200 años del Congreso Nacional.

miércoles, 18 de mayo de 2011

CUIDAR LOS DONES DE LA CREACIÓN


Declaración del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile


1. Ante el debate público y la demanda social que se ha suscitado tras la aprobación de la construcción de represas en Aysén en torno a las políticas y la institucionalidad medioambientales en Chile, como Obispos queremos contribuir con una reflexión en torno a un asunto relevante y urgente. Nos interesa estimular un diálogo serio, abierto e informado, evitando posturas confrontacionales, procurando un sano discernimiento para la acción y el compromiso ciudadano en un ámbito que nos interpela a todos.


2. La búsqueda del bien común requiere la capacidad de detectar las necesidades de la población y discernir cuáles son las prioritarias desde la perspectiva de la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos, y esto nos obliga a un cuidado especial por aquellas personas y grupos que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Esta búsqueda del bien común no resulta posible sin un auténtico espíritu de solidaridad, en el sentido de hacerse cargo de los demás y sus necesidades. El bien común sólo es posible cuando se piensa en la sociedad como una totalidad y se supera la visión estrecha de los intereses particulares.


3. De una parte, adherimos a la conciencia global de que vivimos en un planeta cuyos recursos son limitados frente a nuestra capacidad de demanda y derroche. Por otra, es importante que reflexionemos sobre el tipo de desarrollo que queremos para Chile. El progreso, o es sostenible o no es progreso. En efecto, la Iglesia no concibe al desarrollo sin considerar la sostenibilidad medioambiental. Así pues, antes de afirmar la creciente demanda por energía como requisito para el progreso, es preciso abordar un proceso como país para construir en conjunto un modelo de desarrollo.


4. La respuesta técnica tiene que ser pensada desde la finalidad humana, como un medio que responde a un fin que la justifica y le da sentido. La ciencia sin conciencia constituye una verdadera amenaza para el bien común de la sociedad. De allí que el derecho al agua y a un medio ambiente no contaminado son reconocidos como derechos humanos fundamentales, que brotan de la dignidad de las personas, fruto de su condición de hijos e hijas de Dios.


5. Como Iglesia tenemos una responsabilidad respecto a la Creación, cuidando y defendiendo públicamente sus dones: la tierra, el agua y el aire; protegiendo al ser humano contra la destrucción de sí mismo; construyendo, en definitiva, una ecología humana. Con el Papa Benedicto afirmamos que “hoy se puede mejorar la eficacia energética y al mismo tiempo progresar en la búsqueda de energías alternativas. Pero es también necesaria una redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos. Su destino no puede dejarse en manos del primero que llega o depender de la lógica del más fuerte” (Caritas in veritate 49).


6. El dilema que presenta un proyecto energético es cómo compatibilizar el respeto por el medio ambiente -como un hogar humanamente habitable para todos- con la creciente demanda por la energía. Este dilema es fundamentalmente ético porque implica decisiones que afectan, a corto y largo plazo, la calidad de vida de todo un país.


7. Una decisión basada sólo en intereses económicos es éticamente inaceptable y deplorable porque constituye una mezquina burla de la sociedad. Por el contrario, una respuesta humanizadora al desafío energético requiere un diálogo en el que todas las personas y comunidades, especialmente los más involucrados y afectados por las iniciativas, puedan participar y sus opiniones sean tenidas en cuenta para las decisiones que les afectan.


8. Somos administradores de un mundo que no es propiedad nuestra sino de toda la humanidad. Es deber de todos heredar la tierra a las nuevas generaciones en un estado en el que puedan habitarla dignamente y seguir cultivándola. Cuidemos la naturaleza para hacerla humanamente habitable. Desde una actitud cristiana, así responderemos a la vocación de ser co-creadores y sabios administradores de una obra maravillosa inaugurada por Dios que ama incondicionalmente a la humanidad. ¿Cómo no va a alegrarse Dios Padre con el progreso de su querida humanidad, con tal que sea auténticamente humano e incluya a todos?


EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

Santiago, 18 de mayo de 2011

martes, 5 de abril de 2011

Carta Monseñor Ezzati

Autor: Mons. Ricardo Ezzati Andrello, sdb
Fecha: 02/04/2011
Arzobispado de Santiago

Hoy más que nunca, permanezcamos en su amor

Mensaje del Arzobispo de Santiago a los fieles y comunidades de la
Arquidiócesis

Hermanas y hermanos de la Arquidiócesis:

Con renovada esperanza me dirijo a ustedes en este tiempo de Cuaresma que
nos prepara para la Semana Santa y la Pascua de Resurrección. Lo hago en
un momento de gran dificultad para la Iglesia de Santiago. Es comprensible el
dolor, el desconcierto y la inquietud que experimenta una comunidad cuando
personas consagradas a Jesucristo, de quienes se espera un testimonio
coherente de amor y servicio, incurren en gravísimas faltas que dejan víctimas,
escandalizan y desilusionan.

Frente al abuso sexual, que a los ojos de Dios es también un “espantoso
pecado”, no podemos quedar indiferentes. En ningún caso esta violencia
contra los más pequeños y vulnerables puede ser justificada o protegida. Como
Iglesia, nos corresponde trabajar y colaborar decididamente para sacar de raíz
este mal de nuestra sociedad, y asumir un rol activo en la prevención a los
niños y niñas en todas las instancias pastorales y educativas católicas.

Los fieles de la Arquidiócesis pueden estar seguros de que su pastor hará todo
lo que esté a su alcance para que se establezca la verdad y se logre la justicia
en las denuncias que involucran a personas consagradas. No debemos temer
la verdad que nos hace libres; darla a luz puede resultar doloroso, pero nos
regala también la esperanza de tiempos mejores en una Iglesia purificada.
Por eso, reafirmo mi voluntad de garantizar un debido proceso canónico para
quienes se sientan legítimamente lesionados en sus derechos y, al mismo
tiempo, reitero la invitación que ya formulé a colaborar con la justicia civil como
ciudadanos corresponsables del bien común. Reitero el llamado a las personas
que, en conciencia, quieran presentar su testimonio sobre situaciones de esta
naturaleza, para que lo hagan con plena confianza en las instancias previstas
por la Iglesia y por la Sociedad Civil.

Sé que en muchas comunidades este tema se está reflexionando con
sinceridad y respeto. Es necesario fomentar un diálogo abierto, en un ambiente
de respeto, fe y fraternidad, a fin de que los fieles tomen mayor conciencia
de sus derechos y deberes, tanto en lo referido a proteger la integridad
de los menores, como en la conveniencia de revisar estilos de acogida y
acompañamiento, de liderazgo y autoridad.

Invito a todos los fieles a un tiempo de especial oración por los sacerdotes y
consagrados de nuestra Iglesia. Pidan al Padre de misericordia que nos haga
dóciles a su Espíritu; que sepamos ser humildes servidores suyos en cada
persona y en sus necesidades. Demos gracias por el testimonio de tantos
presbíteros y diáconos, religiosos, religiosas, laicos y laicas cuya vida entera
refleja al Señor en el servicio que prestan a su pueblo. Que el desborde de
fe y de gozo de estos discípulos – misioneros, nos vuelva a Cristo, centro de
la vida y misión de la Iglesia; una Iglesia que queremos humilde y servidora,
casa abierta y acogedora, “mesa para todos” y recinto seguro de crecimiento
humano y cristiano, para niños, jóvenes y familias.

En la herida abierta que desconsuela, el Señor nos dice: “No teman”; “como el
Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor” (Jn
15,9). Permanezcamos unidos a Cristo, como la rama a la vid, y produciremos
frutos abundantes. El dolor de este tiempo de poda, nos eduque. Sabemos
que alcanzará sentido purificador y fecundo en Cristo Resucitado. La noche
puede ser larga, pero finalmente amanecerá la luz, la luz verdadera, la que
ilumina a todo hombre y que es Cristo el Señor. Los invito a caminar tras esta
luz con confianza y perseverancia.

Con afecto de padre y pastor los saluda y bendice,

† Ricardo Ezzati A.
Arzobispo de Santiago

sábado, 26 de marzo de 2011

Caso Karadima

Estimados amigos, les reenvío correo llegado desde CVX Nacional, con el fin de poder opinar y revisar opiniones de otras comunidades y a lo largo del país sobre el caso Karadima.
Saludos

Jorge Maturana Hurtado, Presidente CVX Antofagasta



Amigos,
Con las últimas declaraciones está muy activo el tema Karadima.
De muchas partes nos han pedido poder opinar y saber la opinión de otros.
Es por eso que queremos activar el primer espacio de foro de este año desde nuestro sitio web donde se ha incluído una sección de Foros, en el cual la idea es poder opinar libre pero responsablemente.
El único requisito es identificarse (no alias) nombre - región - rama - comunidad y ser responsable en la opinión.
Que sea este un canal de expresión de nuestra comunidad.
Para empezar pueden ingresar al sitio www.cvx.cl y allí en la sección "Foros" enganchar este primer foro.
También pueden entrar directamente a
Agradecemos su activa participación y favor difundir a todos para que este sea una forma de comunicarnos mejor.
Un abrazo

Miguel Collado, Presidente Consejo Ejecutivo Nacional

martes, 22 de marzo de 2011

Cuaresma - Texto de la Conferencia Episcopal Chilena

Es tiempo de purificación, tiempo de misericordia

“Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia” (Sal 32)

1. Nos encontramos en el tiempo de Cuaresma, en que somos invitados a poner toda nuestra vida en una especial unión con el Señor, a convertirnos a su Palabra de amor y de esperanza. Es un tiempo de oración y reflexión profunda, y también un momento solidario, que en Chile se traduce en la campaña Cuaresma de Fraternidad, una cruzada que nos moviliza como comunidad para apoyar a tantos jóvenes en situación de vulnerabilidad.

2. En los primeros días de esta Cuaresma el devastador terremoto y tsunami que afectó a los hermanos y hermanas de Japón, nos ha recordado nuestra realidad sísmica y el dolor aún vivo de la tragedia que vivimos en Chile hace un año. La experiencia vivida el fin de semana pasado en nuestras costas demuestra que somos capaces de emprender en conjunto acciones para proteger nuestra vida, cuidando a los más indefensos y preocupándonos por las poblaciones en mayor riesgo.

3. Otra luz de esperanza que se enciende en este tiempo es la voluntad de amplios sectores de avanzar en decisiones políticas, legislativas y judiciales que permitan encarar esa grave deuda social que constituye la precaria situación de los internos en las cárceles del país. Es un asunto de justicia que quienes han transgredido las normas de convivencia social cumplan las penas que la misma sociedad ha establecido. Pero también es un asunto de justicia asegurar condiciones de vida dignas a las personas privadas de libertad. Y, como hemos planteado en nuestra propuesta con ocasión del Bicentenario, creemos que una sociedad se dignifica cuando obra desde la clemencia y la misericordia en favor de los reclusos y reclusas más ancianos, enfermos y que no revisten mayor peligro para la sociedad. Para los poderes del Estado que, conforme a la Ley determinarán las medidas de estas iniciativas, imploramos sabiduría y generosidad en esta hora.

4. Para la Iglesia, esta Cuaresma ha de ser un tiempo de especial purificación. Las dolorosas situaciones que han causado, con toda razón, escándalo en la comunidad nacional, nos desafían hacia una profunda conversión. Sólo en la transparencia, la justicia y el amor de Cristo hallaremos respuestas a los cuestionamientos y desafíos que surgen de estos lamentables casos de abuso que involucran a consagrados. En comunión con el Santo Padre, nuestra cercanía hacia las víctimas y a las comunidades que más sufren el daño causado, se debe traducir, también, en un compromiso inequívoco de todos en la Iglesia para prevenir que estos hechos se repitan y para actuar, ante ellos, con caridad en la verdad.

5. Junto al salmista proclamamos: “Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en Ti”. Él nos otorgue el don de su perdón y nos enseñe a construir una cultura donde impere la justicia, la paz y el perdón.


† Ricardo Ezzati Andrello, Arzobispo de Santiago, Presidente
† Alejandro Goic Karmelic, Obispo de Rancagua, Vicepresidente
† Gonzalo Duarte García de Cortázar, Obispo de Valparaíso
† Horacio Valenzuela Abarca, Obispo de Talca
† Cristián Caro Cordero, Arzobispo de Puerto Montt
Santiago, 17 de marzo de 2011

Para descargar el documento oficial, haz click aquí

viernes, 10 de diciembre de 2010

lunes, 22 de noviembre de 2010

Mensaje Conferencia Episcopal


"ESPERAMOS CON CONSTANCIA”
(Rom 8,25)

Mensaje al término de la 100ª Asamblea Plenaria de la CECh

1. Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, nos hemos reunido para reavivar nuestra esperanza y para leer los signos de vida que Dios suscita en medio de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia, atentos a la realidad y deseos de nuestra Patria.
Un grupo representativo de Obispos eméritos, de presbíteros, de laicos y laicas, de consagrados y consagradas y de diáconos permanentes, nos han acompañado, aportando el don de su propia vocación y experiencia eclesial. Juntos hemos buscado leer en los signos de los tiempos la presencia salvadora de Cristo Jesús, fuente de vida abundante y meta de nuestra historia. Por Él, "esperamos con constancia” porque Él es "la esperanza que no defrauda" (Rom 8,25; 5,5). Damos gracias a Dios por lo que compartimos en espíritu de comunión y participación.

2. En esta ocasión, hemos levantado nuestra mirada al Padre Dios, escuchado la voz de los hermanos, y puesto nombre a los signos de esperanza que alientan nuestro caminar eclesial y nacional:

- La fuerza espiritual compartida para superar el dolor, las pérdidas de vida, la destrucción de viviendas y lugares de trabajo, las pruebas que ocasionó y sigue ocasionando el terremoto;

- la alegría con la que se ha celebrado el bicentenario que ha llevado al agradecimiento a Dios y a recordar que no sólo tenemos un glorioso pasado que recordar, sino también una gran historia por construir;

- la fe de los 33 mineros y la fuerza inteligente y sostenida de quienes, junto con ellos, han escrito una gesta inolvidable y un germen de mucha generosidad;

- los deseos de participación justa y de integración del pueblo Mapuche y de otros pueblos originarios en la vida y quehacer de nuestra patria.

Gracias a Dios no faltan grandes y pequeños signos de esperanza que nos alientan en el caminar de todos los días.

3. Como comunidad de discípulos de Jesucristo queremos aportar a la construcción de Chile la gracia de la esperanza, conscientes de que:

- No hay esperanza sin compromiso con la verdad y con la honestidad de la escucha y el diálogo entre personas diversas. Cada chileno y chilena tiene algo que enseñar y algo que aprender. Sólo aprendiendo hay futuro. Sin búsqueda de la verdad no hay esperanza, sino victoria de unos sobre otros; sólo quedan vencedores y vencidos. Sin escucha y diálogo, es imposible un proyecto compartido y corresponsable que proyecte al futuro anhelado.

- No hay esperanza sin intentar entender lo que le pasa al otro, en particular a aquellos que reciben la peor parte de la vida en nuestra tierra, los peores sueldos, los peores ejemplos, las esperas más largas en los consultorios, los peores niveles de educación, las mayores soledades y las mayores dificultades para hallar trabajo, techo y pan sobre la mesa. La esperanza hunde su consistencia en la justicia y en la búsqueda del bien de todos.

- Nuestro gran deseo es convertirnos en testigos de la esperanza. Queremos contagiar esperanza a quienes nos gobiernan, a los transformadores sociales, a los educadores, a los trabajadores, a los pobres, a los jóvenes y los ancianos. Una esperanza que nos haga emprendedores de vida y de solidaridad y nos permita superar el desaliento y la frustración; una esperanza que es también virtud probada y que lleva a esperar contra toda esperanza (Rom 4,18).

4. Como discípulos misioneros de Jesucristo, queremos que la esperanza se convierta en un punto de partida de una etapa nueva de la historia de Chile. Muy distinto va a ser nuestro presente y nuestro futuro si lo emprendemos y lo vivimos teniendo a Jesús por protagonista, si somos conducidos por hombres y mujeres de esperanza y si alimentamos, con ella, la lámpara de nuestro diario caminar. También queremos celebrar la esperanza derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo: ello supone pedir perdón por la desesperanza vivida y sembrada; agradecer la esperanza que nos mueve a hacer más y mejor, a suplicar aumento de gracia y de consuelo, y a experimentar la alegría de otear el horizonte con los ojos de Jesús.

A eso estamos invitados en el Adviento que se acerca. La liturgia de este tiempo llevará a descubrir que la esperanza pone en nuestras vidas, felicidad, fidelidad y fecundidad, y a pedir al Padre Dios fortaleza en la fe, constancia en el amor y seguridad en la esperanza.

5. Con María, la Virgen Santa, cantamos y pedimos que mantenga el ritmo de nuestra espera. Ella lo hace al darnos al Esperado de los tiempos y al regalarnos su presencia maternal. Con Ella llegaremos lejos, hasta donde la esperanza nos lleve. Su visita al país en la hermosa imagen bendecida por el Papa Benedicto nos ha colmado de gozo; sus hijos la hemos descubierto como causa de nuestra esperanza y Madre del Consuelo. Nuestra historia nos enseña que nada comienza o recomienza sin su presencia: Reina y Madre de misericordia, nos muestra y ofrece a Jesús, el fruto bendito de su vientre, nuestro Redentor y Señor.

Como en la celebración de la Misa por Chile, en Maipú, seguiremos unidos a todos ustedes en el Corazón de Jesús y de María.


Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile

Punta de Tralca, 19 de noviembre de 2010